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LUNES DEL PACIENTE - ENTREGA 8

Tras la primera noche, nadie consigue dormir, todo resulta muy extraño. Cuando lo recuerdo, no puedo ocultar mis lágrimas, me levantaba cada minuto a verle. Estaba tranquilo, dormido, supongo que por la medicación, pero para nosotros era difícil conciliar el sueño. Al día siguiente en el desayuno, mi madre se muestra triste, porque en el fondo de su corazón, quería despertarse y que él estuviese a su lado, tras muchas noches sola.
 
Te acercas a darle el desayuno esperando de él una sonrisa, pero no llega, él continúa sin entender lo que le dices, sin expresar, sin saber casi donde está.
 
El primer día en casa lo habías planteado como un día tranquilo antes de empezar la rehabilitación. La falta de información que, hasta a veces, te parece contradictoria, la descoordinación,  desconocer qué es lo más adecuado, te inunda de un miedo incontrolable. 
 
En estos momentos es cuando te das cuenta de que él siempre ha tomado decisiones y te ha ayudado, de alguna forma quieres hacer lo mismo por él.
 
Acudo a una cita con la trabajadora social, para contarle cómo ha ido ese primer día, indicarle donde vamos a iniciar la rehabilitación y darle las gracias por su apoyo incondicional.
 
Y por fin llega el día tan esperado por todos EMPEZAMOS LA REHABILITACIÓN, tenemos que acudir para mantener la primera entrevista, que conozcan a mi padre, darles los informes de los médicos, que nos cuenten qué hacen... y saber qué podemos esperar.
 
Tras esa primera toma de contacto, mi corazón me dice que he tomado una buena decisión. No solamente hacen lo que teníamos previsto, sino que además nos preguntan cómo estamos nosotros y si necesitamos algo, ya que también somos una parte importantísima de la rehabilitación, y que al igual que mi padre recibirá su tratamiento, nosotros iremos aprendiendo con él su enfermedad y la mejor forma de llevarlo.  
 
Es increíble que alguien que acaba de conocer a tu padre, leer sus informes y tomar contacto con la familia pueda hacer que todos entendamos lo que está pasando, y que en un instante tu padre muestre con sus ojos alegría y entendimiento, pudiendo regalarnos una sonrisa.