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LUNES DEL PACIENTE - ENTREGA 9

Suena el despertador y arrancamos con una nueva rutina, distinta a las anteriores. Tenemos ganas, energía e ilusión por empezar una nueva etapa.  Hoy me doy cuenta de que he aceptado lo que ha sucedido, su infarto cerebral, me negaba a creer que mi padre quedaría así para siempre. 
 
Nos levantamos y arreglamos, sentimos miedo y esperanza, en nuestras caras algo es distinto, se refleja una luz positiva. Salimos de casa, como cuando acudes al colegio por primera vez, sin saber que va a suceder, pero sabes que es algo bueno.
 
A su llegada a la clínica donde realizará la rehabilitación, sin demora entra en sus sesiones, nos despedimos de él, y nos indican que estemos localizables por si nos necesitan, ya que actualmente precisa de ayuda para ir al baño. 
 
En la sala de espera vemos a muchos acompañantes, están tranquilos y relajados, cuentan sus historias, sorprendiendo la esperanza que transmiten, y sobre todo los pequeños cambios que ven día a día.
 
Un terapeuta nombra a un familiar, y le indica que debe entrar en sesión... a mi mente vuelven las palabras de que "formamos parte de la rehabilitación", pero sinceramente, pensaba que eran eso, sólo palabras. Tengo curiosidad por ver la cara del familiar cuando vuelva. 
 
A su llegada, todos le miramos, y viene sonriendo, cuenta que le han indicado que en casa ya puede caminar sin el bastón, y comer tortilla y gelatina por boca. En otras situaciones, eso lo vería como algo absurdo, pero tras los meses vividos con mi padre, entiendo que es un motivo de celebración.
 
Sin darme cuenta, han pasado las sesiones, uno de los terapeutas vuelve empujando la silla de mi padre, su cara transmite confianza y seguridad en la mejora de su estado actual. Los ojos de mi padre están alegres, con su mirada nos dice todo, le pregunto si quiere volver al día siguiente, y asiente con su cabeza. Ese mismo terapeuta, ya nos indica como debemos comunicarnos con él para que nos entienda, "porque nos entiende",  no nos habíamos dado cuenta de que él va lento y nosotros demasiado rápidos.
 
Volvemos a casa animados y sentimos ganas de que llegue mañana.