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LUNES DEL NIÑO - ENTREGA 3

¿Que pasará ahora?, ¿Cuándo podremos llevarlo a casa?, ¿Eso que le han puesto en la cabeza es para siempre?, ¿Va a caminar?, ¿Podrá ver?, ¿Hablara? ¿Irá al colegio?....
 
Estas y otras 100 preguntas más eran las que daban vueltas y vueltas en nuestra cabeza. 
 
Llega el médico. estamos ansiosos de preguntarle todas y cada una de ellas Nuestro rostro debió de reflejar desilusión, porque lo primero que nos dijeron fue: "Como saben el diagnóstico de su hijo es de crisis epilépticas, seguramente de por vida. La operacion de la cabeza se realizó porque acumulaba líquido y eso podría costarle la vida, tendrá que llevar revisiones y la válvula que le hemos puesto es para siempre, ya que con el infarto que sufrió hay casi medio cerebro que no funciona".
 
Pasaron todos los angeles del cielo, porque no fuimos capaces de articular palabras. Mi marido, mi madre y yo nos miramos y sentimos que estabamos en una nube negra. 
 
Yo sentí que el médico hablaba y yo no era capaz de escuchar, sólo veía como su boca se movía, sus manos le acompañaban con gestos, recuerdo aquel pasillo blanco, largo, frío, con un carrito de curas en un lateral, todo a cámara lenta.
 
Todos callaron y me miraron. Yo sin ser consciente pregunté: "Eso que usted me esta diciendo de que mi hijo no va a ser como los demás ¿me lo asegura usted al 100%?". El médico me miró y me dijo que no se podía asegurar al 100%, pero que sí había visto muchos casos y la evolución era mínima. Le dije "GRACIAS!", me di la vuelta y me fui al coche. 
 
Cuando llegaron mi marido y mi madre no quisieron preguntarme nada. Me vieron firme, segura y decidida. La verdad es que me sentía sola, insegura y con mucho miedo. 
 
A los 3 días dieron el alta a mi hijo y en ese momento sentí que había empezado LA LUCHA.