Postura y sistema fascial

Existen varios factores que influyen en la postura (los pies, la vista, el sistema vestibular, las emociones…) pero hoy vamos a hablar sobre el sistema fascial y como influye en nuestra postura.

Para adentrarnos en el tema debemos explicar que la fascia es tejido conectivo que se encuentra rodeando a todas las estructuras corporales. Es como una membrana continua que lo rodea todo. La fascia nos otorga protección, soporte y forma al cuerpo. Es un tejido rico en colágeno y con unas propiedades específicas: es capaz de regular la temperatura corporal, deformarse y recuperar su forma, transmitir y distribuir fuerzas, nutrir a las diferentes estructuras que rodea, etc.

Lo interesante de la fascia es que es un sistema continuo e interconectado con el resto de estructuras. Un problema en una parte del cuerpo puede afectar a otra precisamente por esa continuidad del tejido.

Existen distintas estructuras fasciales diferenciadas según la zona corporal, para poder segmentarlas y estudiarlas; aunque el tejido sea continuo se ha dividido por partes para su mejor comprensión. De esta forma encontramos la fascia prevertebral, la deltopectoral, toracolumbar, los epiplones, perirenal, etc., dependiendo de la zona corporal. De todas estas vamos a destacar una estructura en concreto: el tendón central.

Recordando que la fascia es un tejido continuo, existe una gran estructura fascial que va desde el suelo pélvico, atraviesa al diafragma y termina en la base del cráneo, a la que se conoce como tendón central. Es una estructura fascial que literalmente nos atraviesa por dentro. ¿Recordáis esa propiedad de la fascia de deformarse? Ahora pensemos que ocurriría si el tendón central se deforma y se queda acortado, con tensión. Tendríamos una fuerza interna traccionando de nosotros y alterando nuestra postura corporal.

La siguiente pregunta entonces es, ¿Qué factores influyen para que la fascia nos pueda producir un trastorno así?

  • Posturas mantenidas mucho tiempo van a provocar retracciones del tejido fascial (por ejemplo, trabajar muchas horas sentado o realizando un gesto repetitivo y continuo).
  • Alteraciones nutricionales, como la falta de aminoácidos (en especial prolina, lisina y glicina) o falta de vitaminas A y C.
  • Falta de hidratación, esto hará que perdamos elasticidad en los tejidos y disminuya nuestra salud en general.
  • Problemas en la oxigenación, sobre todo en gente que fuma o está expuesta a componentes tóxicos como en las fábricas.
  • Alteración de la irrigación sanguínea que llega a la fascia, por ejemplo, por una estenosis o por varices.
  • Cicatrices, como por ejemplo la de una cirugía de apéndice. Las cicatrices modifican la continuidad del tejido y además el nuevo tejido cicatricial de relleno que se produce no mantiene las mismas propiedades que el anterior, volviéndose más rígido.
  • Enfermedades sistémicas, cáncer o tumores.

Todo esto puede alterar al sistema fascial, y más concretamente al tendón central y alterar así nuestra postura.

Seguramente nos sintamos identificados con algún punto, pero tranquilos, cada persona es un mundo y puede verse afectado en mayor o menor medida sin siquiera dar síntomas. Lo importante de esto es conocer los factores e intentar evitarlos para cuidar de nuestra postura y nuestra salud.

Si sentimos dolor cervical, de espalda, lumbalgia, rigidez en el tronco… quizás hayamos llegado al punto donde la alteración postural ha superado a nuestra capacidad de adaptación y el dolor es una forma que tiene nuestro cuerpo de avisarnos de que algo no va bien. Llegados a esta situación lo mejor es acudir al fisioterapeuta y seguir sus consejos.

La fascia es un tejido que puede afectar a nuestra postura y debemos cuidarlo para evitar dolores en un futuro.

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