Parálisis Cerebral Infantil desde Neuropsicología

Cuando hablamos sobre parálisis cerebral debemos tener en cuenta la diversidad en las formas de expresión y de las secuelas, ya que principalmente se explica o entiende como un trastorno del movimiento. Sin embargo, al tratarse de un trastorno del desarrollo puede llegar a implicar áreas cognitivas. 

Desde 2005, se define de forma más amplia como “un conjunto de desórdenes del movimiento y postura, no progresiva, que puede ocurrir durante el periodo prenatal, perinatal o postnatal, acompañados de déficits sensitivos, cognitivos, de comunicación, percepción, y/o comportamiento y/o crisis comiciales”.

Actualmente, se están realizando más estudios poniendo énfasis en las funciones cognitivas con el fin de poder conocer los distintos perfiles. Algunos autores, encuentran que, en PCI de tipo espástica se observan en mayores alteraciones cognitivas que en PCI de tipo hemipléjico o en sus variantes.

Para comprender el PCI, tenemos que tener en cuenta la gravedad, el momento vital (la edad) y el entorno en el que se va a desarrollar, ya que todos estos factores van a influir en la evolución del niño.

Desde la intervención neuropsicológica se propone una estimulación cognitiva integral, encontrando déficits en: 

  • Procesos atencionales, necesarios para el control postural y del entorno, hablamos de atención sostenida y dividida. 
  • Las funciones visoperceptivas, visoespaciales y visoconstructivas implicadas directamente en las actividades manipulativas y de localización visual, influyen en las actividades básicas de la vida diaria como el vestido y desvestido. 
  • Dificultades para la inhibición de respuestas y flexibilidad cognitiva las cuales se relacionan con los problemas conductuales y sociales.
  • En capacidades verbales, como la memoria y el aprendizaje, un alto porcentaje poseen un buen rendimiento, aunque sí encontramos otro porcentaje que, si presentan dificultades, relacionadas con el desarrollo del lenguaje o la presencia de trastornos del habla.
  • Todo ello influye en el desarrollo de las funciones ejecutivas, en general, por lo que predomina un perfil disejecutivo.
  • A nivel emocional y conductual se encuentran dificultades en la interacción social con sus iguales, irritabilidad, impulsividad, labilidad emocional y problemas en la toma de decisiones.

Ante las dificultades comportamentales, hay que proporcionar información y recomendaciones que guíen a las familias, ya que en ocasiones son difíciles de interpretar, suponiendo una carga añadida a toda la situación que viven durante el día a día.

Puntos en los que se basa la intervención neuropsicológica:

  • Las alteraciones conductuales como la desinhibición y la impulsividad se trabajan en cada sesión, ya que repercuten en el resto de tratamientos. Por ejemplo: Esperar unos segundos antes de realizar una actividad (dar una respuesta después de oír una palmada, o cuando suene la música). 

Además de proporcionar pautas a las familias para su control también en el hogar y ayudar a su generalización.

  • El uso preferente de actividades de tipo oral, teniendo siempre muy en cuenta el nivel de expresión y comprensión del niño. En este sentido, se tratan de buscar distintas formas de obtener una respuesta ante los diferentes ejercicios que se proponen. En el caso de una tarea para trabajar la memoria, decimos 5 palabras clave que tiene que recordar la persona, y después vamos diciendo un listado, de forma que, cuando la persona escucha esas palabras, puede hacer un gesto con la cabeza de si, o mover un dedo, mano o pierna.
  • En otros casos también se emplea el apoyo visual, por ejemplo, utilizando imágenes u objetos reales. En estas tareas podemos trabajar razonamiento o la atención, entre otras funciones y la forma de comunicarnos la respuesta es a través de dirigir su mirada hacia el estímulo solicitado, como puede ser que señale 2 imágenes que pertenezcan a una misma categoría.

Autora: Vanesa Tamayo García

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