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Ejercicios de control postural en las paredes de casa

Las consecuencias motoras derivadas de una lesión cerebral pueden provocar alteraciones en el tono muscular, la fuerza, el equilibrio, etc., los cuales afectan al movimiento global provocando cambios en la marcha y transferencias. Estas alteraciones conllevan un cambio en el desarrollo del día a día tanto de la persona con daño cerebral como de su familia, teniendo que modificar costumbres y formas de vida.

Estas alteraciones motoras se empiezan a conocer en las primeras valoraciones y sesiones de tratamiento. Ese es el momento no solo de analizar esas limitaciones, - que es lo primero que habitualmente se remarca- sino todas las posibilidades y capacidades que están ocultas a simple vista pero que ya que podemos intuir.

 

Es importante ampliar el tratamiento con ejercicios en casa

 

Normalmente entendemos por tratamiento aquello que es realizado por un profesional de la salud, y que éste termina al salir de la sesión. Sin embargo, las posibilidades de nuestro tratamiento, y en consecuencia de nuestra evolución y mejoría, pueden ampliarse mucho más allá, por ejemplo, con nuestras rutinas y hábitos en casa.

Nuestra casa es el espacio donde habitualmente pasamos más tiempo, por lo que debe convertirse también en el lugar donde seguir afianzando todo aquello que trabajamos en las sesiones. De hecho, con las indicaciones adecuadas, podemos hacerlo sin disponer del material o las instalaciones con las que se cuenta en una clínica, como puede ser a través de los ejercicios que hoy os mostramos, para los que solo precisamos una pared vacía de casa y una colchoneta o toalla. Con estos dos elementos podemos crear nuestro rincón de ejercicio donde seguir trabajando nuestro tono muscular, movilidad, fuerza y equilibrio.

 

Tabla de ejercicios cortos de control postural en las paredes de casa

 

Hoy os vamos a explicar una serie de ejercicios cortos y sencillos que nos ayudarán a conocernos un poco más, trabajando nuestro esquema corporal, combinando ejercicios estáticos, dinámicos lentos y respiratorios.

Ejercicio 1.

En primer lugar, colocamos nuestra colchoneta o toalla en el suelo lo más pegada posible a la pared. Nos colocamos de pie encima de la colchoneta, con la espalda apoyada en la pared y las piernas ligeramente separadas de ella y abiertas a la anchura de las caderas (ni muy abiertas ni cerradas), flexionamos un poco las rodillas y manteniendo los pies apoyados, empezamos cogiendo aire despacio por la nariz, hinchando el abdomen y expulsándolo por la boca. Hay que intentar no coger demasiado aire para evitar marearnos.

Respiramos unas 3-4 veces seguidas, despacio. A medida que vamos soltando aire, intentamos que nuestra espalda se mantenga pegada a la pared, hasta notar que toda la espalda está apoyada, como si quisiéramos empujar contra ella. Repetimos la secuencia unas 4 veces.

Una vez finalizado el ejercicio, cogemos aire, apoyamos las palmas de las manos a cada lado y mientras soltamos el aire, y haciendo fuerza con los brazos nos despegamos de la pared y nos incorporamos para ponernos rectos.

En caso de no poder mantenernos de pie sin ayuda y de forma segura, podemos pasar a realizarlo en una silla sin respaldo. De esa forma mantendremos la postura erguida y podremos realizar el ejercicio.

 

Ejercicio 2.

Ahora en el suelo. Nos sentamos con la espalda apoyada en la pared. Ponemos las piernas ligeramente separadas, con las rodillas flexionadas y los pies relajados. Las plantas de los pies tocándose entre ellas. Y seguimos con las respiraciones, cogiendo aire por la nariz y expulsándolo por la boca. Después de unas repeticiones, al soltar el aire vamos estirando las piernas despacio e intentando mantener juntas las plantas de los pies. Llegamos al máximo que podamos para estirar las piernas sin que se separen los pies, depende de cada uno no importa que no se llegue al máximo lo importante es hacerlo. Cuando hemos llegado a nuestro máximo, aguantamos un par de repeticiones y en la siguiente, durante la espiración, relajamos las piernas y las vamos separando.

Ejercicio 3.

Ahora nos tumbamos en el suelo bocarriba. Pegamos los glúteos a la pared, elevando las piernas y colocándolas en vertical apoyadas en la pared. Flexionamos las piernas y juntamos las plantas de los pies, como en posición de indio. Seguimos con las respiraciones del mismo modo, cuando hayamos hecho varias repeticiones, en la siguiente espiración, mientras soltamos el aire, vamos estirando poco a poco las piernas, intentando que no se separen de la pared.

Nuestra espalda tiene que estar todo el tiempo bien apoyada en el suelo, sin que se despegue de éste en ningún momento.

Seguimos estirando poco a poco conforme vayan pasando las repeticiones, hasta estirar las piernas a nuestro máximo, sin despegar las plantas de los pies ni la espalda. Si en algún momento notamos que los pies o la espalda se están despegando, significa que no podemos seguir avanzando, por lo que nos quedamos un poco antes manteniendo la postura. Cuando hayamos llegado a ese punto y no podamos avanzar más, hacemos varias respiraciones y aguantamos.

Para finalizar y despegarnos de la pared, cogemos aire y mientras lo vamos soltando nos vamos despegando ligeramente y despacio, nos giramos hacia un lado, apoyamos las manos en el suelo para hacer fuerza, y nos sentamos.

Al finalizar este ejercicio, permanecemos sentados durante un momento antes de levantarnos, relajando los hombros y la espalda, cogiendo aire lentamente para evitar mareos, y tras un par de minutos ya nos podemos levantar.

¿Por qué son importantes estos ejercicios de control postural?

 

La finalidad de estos ejercicios realizados en las paredes de casa, que combinan lo estático y lo dinámico, es ayudar a conocer mejor nuestro cuerpo, realizando ejercicios sencillos y suaves, entrelazando la parte respiratoria y la contracción de la musculatura de las piernas para mantener la postura junto con el estiramiento activo y controlado de los músculos de la espalda y el mantenimiento y contracción de la musculatura abdominal. De esta forma, mejoramos el conocimiento sobre nuestro cuerpo y de lo importante que es mantenerlo activo.

Estos sencillos ejercicios, de pocos movimientos, nos permiten ir mejorando nuestra postura, nuestro esquema corporal e ir relajando nuestro cuerpo. De hecho, estos ejercicios no van enfocados únicamente a la persona con daño cerebral, sino a toda aquella persona que quiera mejorar su estado físico, algo que resulta de gran importancia, por ejemplo, en las personas cuidadoras.

 

Escrito por: Úrsula Sánchez. Fisioterapeuta en Clínica Uner