Recordar la memoria. Así es esta característica humana.

“La memoria es el diario que todos llevamos con nosotros” Oscar Wilde

Nunca apreciamos realmente una cosa, hasta que dejamos de tenerla. Esta frase es aplicable a muchos aspectos de la vida, pero yo, en este caso, me refiero a la memoria. Toda mi vida he disfrutado de ella y he podido sacarle provecho en diferentes ámbitos, tanto a nivel laboral como social. He tenido la capacidad de recordar el porqué de las cosas, más allá de la última noticia, y por eso, le voy a dedicar esta entrada en el blog a ella.

La memoria es la capacidad del cerebro de codificar, almacenar y recuperar de manera efectiva información aprendida o un suceso vivido y, ¿cuáles son los tipos de memoria que nos podemos encontrar?

Así, son tres las categorías de memoria que encontramos, sensorial, a corto plazo y a largo plazo.

Cuando hablamos de memoria sensorial, nos referimos a aquella de escasa duración, que registra la información a través de los sentidos. Procesa gran cantidad de estímulos, que permanecen el tiempo necesario para su selección e identificación para su posterior procesamiento. Como el olor de cierto lugar que tiempo después podemos recordar sin la necesidad de estar allí.

Por otra parte, encontramos la memoria a corto plazo, también conocida como operativa o de trabajo. Tiene una capacidad limitada y puede retener pocos elementos durante un periodo breve de tiempo. Así, este tipo abre una ventana con cuatro partes.

  • Agenda visoespacial, es la que se encarga del mantenimiento activo de información, las imágenes. El que usamos, por ejemplo, en el aprendizaje de un recorrido.
  • Almacén episódico, es un sistema especificado e integra información que proviene de diversas fuentes. De este modo, representa la información visual, verbal, espacial y temporal.
  • Bucle fonológico. Opera con la información verbal. Este facilita el mantenimiento del proceso de habla interna involucrado en la memoria a corto plazo, como pasa cuando memorizamos un número de teléfono
  • Sistema ejecutivo. Su función es la de regular y comprobar el sistema de memoria operativa.

Por último, la memoria a largo plazo. Esta es la que más tiempo nos permite retener la información. Ahora, vemos las dos opciones que tenemos para este tipo: la memoria explícita o declarativa, la que almacena la información de forma consciente, y la memoria semántica. Por otro lado, está la memoria implícita o procedimental, que hacemos de forma automática. Este tipo de memoria contiene toda la información relacionada con nuestro entorno y nosotros mismos como, por ejemplo: nuestro nombre, el nombre de nuestros familiares, los países… En definitiva, toda la información que hemos podido aprender a lo largo de nuestra vida.

Con todo esto, hay veces que nuestro cerebro olvida cosas, pero aun así hay múltiples maneras de evitar o poner remedio a este aspecto. Por último, es recomendable usar todas aquellas herramientas que pueden ayudarnos y, a través de las cuales podemos suplir nuestras carencias. Ejemplo perfecto de ello es la mítica frase, que yo le recuerdo a mi abuelo: “vale más un lápiz corto, que una memoria larga”

Pablo Ortín

  • Atkinson, R.C.; Shiffrin, R.M. (1968). «Chapter: Human memory: A proposed system and its control processes». En Spence, K.W.; Spence, J.T., eds. The psychology of learning and motivation 2. New York: Academic Press. pp. 89-195
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